Barcelona deja con vida al Real Madrid en la Supercopa
Un Barcelona muy superior dejó que el Real Madrid saliera vivo del Camp Nou (3-2) cuando ya estaba fundido. Una clarísima ocasión malograda por Messi y un error garrafal de Valdés en la recta final dejan el título de la Supercopa abierto para la vuelta
A Mourinho se le reprochan sus modales, pero no su conocimiento del fútbol. Es habitual ver al portugués camino de los vestuarios antes de que el primer tiempo de los partidos haya concluido. El luso iba camino de cumplir con su ritual pero compartió un guiño cómplice con el delegado del campo Francesc Satorra, antes del descanso, sin perder de vista lo que ocurría en el campo. Cada segundo ante el Barcelona cuenta y quizá por eso Di María recaló en el Madrid por deseo del entrenador blanco. Porque comparte la fe inquebrantable en luchar cada balón. Forzado por el argentino, Valdés cayó en la trampa del control en lugar del patadón. El 'fideo' olió la sangre, presionó y marcó a puerta vacía. Tres a dos, la Supercopa sigue viva.
Después de cobrar ventaja, la defensa del Madrid cometió el pecado de subestimar el orgullo culé. En un exceso de relajación, un pase en largo de Mascherano habilitó a Pedro para que el canario de un derechazo fusilara a Casillas. Lo hizo por el perfil derecho, defendido por Fábio Coentrao, de nuevo titular ante el Barcelona. El portugués, que secó a Alexis pero no supo maquillar sus fallos, será otra vez tema de conversación en la capital por su titularidad; para Marcelo quedó de nuevo el ostracismo.
Mourinho solo optó por el brasileño como una alternativa a la desesperada cuando ya el Barcelona le había dado la vuelta al choque. Cambió de cromos, pero en una insual variante táctica. Marcelo se quedó con Alonso y Khedira en el centro del campo y aportó chispa en la presión. Su nombre quedó sobre el césped, lejos del brillo de los grandes protagonistas, todos con origen nacional.
Incómodo de inicio, el Barça esperó al cuarto de hora para deslavazar el centro del campo del Madrid. En lugar de presionar el primer pase de los centrales culés, los visitantes esperaron que la pelota llegara a Iniesta, Xavi o Messi para morder y robar, no siempre con acierto. El vigente campeón de Liga no se replegó, quedó como un acordeón roto y la tripleta creativa azulgrana hilvanó el juego a su antojo, aumentando el peligro de forma progresiva.
El primer tiempo fue de Busquets, con un recorrido de atleta de maratón, colosal en el oficio de guardaespaldas. Desesperante para los madridistas, a los que sacó tres tarjetas amarillas -Xabi, Arbeloa y Albiol-. Pedía el descanso el Madrid, el Barcelona cantaba goles de Messi que no entraban. Tuvo dos remates francos el diez argentino, pero se fueron a ambos lados de los palos de un afortunado Casillas.
Mientras el capitán blanco respondía al pim-pam-pum del Barcelona, Víctor Valdés apenas se vio obligado a entrar en juego. Sin embargo, fue el primero en encajar un tanto. Cristiano Ronaldo no perdonó una defensa zonal en un saque de esquina botado por Özil y cayó como un águila real al primer palo para cazar la pelota a la red. El luso, en una versión menos física de lo habitual, convertía la primera oportunidad del Real Madrid. Habían pasado cincuenta y cinco minutos de partido.
Con el empate de Pedro y la reacción anímica inmediata, el Barcelona se lanzó a por la eliminatoria. Clos Gómez, dubitativo en dos acciones dentro del área blanca, otorgó la tercera, un derribo claro de Ramos -protagonista en las tres polémicas- sobre Iniesta que el impertérrito Messi no falló. Quizá el argentino no lo supiera al ejecutar la suerte suprema, pero ese gol le iguala con el legendario César como el barcelonista que más veces ha visto red ante el eterno rival: catorce.
En el desconcierto posterior a la remontada, el Madrid tiró de orgullo, saltó Higuaín y se marchó Benzema. Ronaldo y Özil abrieron las bandas y Callejón, que hasta entonces era una pegatina de Adriano, descubrió el ataque merengue. El empeño careció de guion y el Barcelona, casi sin quererlo, ampliaba la renta. Iniesta, en un genial baile sobre Albiol, regaló el tres a uno a Xavi, habilitado por un despistado Arbeloa. Solo un borrón de Valdés volvió a alterar el marcador.
Todos salen contentos, los unos por la victoria, los otros porque el marcador pudo haber sido peor. También el fútbol español, que da la cara con un nuevo talante: cordialidad en los banquillos y bravura pero respeto sobre el césped. El esperpento del pasado parece haber dejado lugar a la cordura

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